Actas y Certificaciones

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INFORME ANTE LA FACULTAD

[Jueves 5 de diciembre de 2002]

Tras cinco meses como Rector puedo decir que las labores administrativas que corresponden a un cargo como éste proveen experiencias extraordinariamente enriquecedoras. Llaman la atención el entusiasmo y las esperanzas constantes del sector estudiantil. Igualmente, los esfuerzos que hacen muchos colegas docentes por adelantar las metas académicas de esta comunidad universitaria. El personal no docente se caracteriza por el mismo compromiso y me parece que esto no se debe perder de vista, como ocurre en demasiadas ocasiones. Si algo causa frustración, por otro lado, es que los procesos corran tan lentos, como la resistencia de algunos a que los agilicemos. Les aseguro que estamos haciendo lo posible por transformar esta situación, de modo que las dinámicas institucionales puedan modificarse en función de la eficiencia que andamos buscando.

Como ya le he informado ante esta misma Facultad y he reiterado en el Senado Académico, desde los salones, pasando por los aires acondicionadores de tantas facilidades, hasta los terrenos que contribuyen tanto al ambiente que disfrutan no sólo los que trabajamos aquí, sino los que nos visitan y reparan en su belleza, requieren una atención desmedida que frecuentemente impiden que se le dedique mayor tiempo a aquellos asuntos que son los que consideramos propiamente universitarios. Sea como fuera, debo decir que esperamos que la infraestructura pronto esté a la altura de nuestras expectativas y que los informes que tengamos que someter ante ustedes aquí y en otros escenarios atiendan desde un principio asuntos que nos permitan deliberar adecuadamente sobre la academia. No está de más señalar que el problema de la infraestructura es un problema que afecta todo el sistema de la UPR y que nosotros no somos el peor caso. Sin embargo, de no atenderla sistemáticamente y de forma consistente podríamos encontrarnos con que su deterioro podría afectar seriamente la marcha institucional. Si a esto le añadimos que en una época como la nuestra ya deberíamos estar trabajando en planes concretos para ir transformando un número considerable de nuestros salones y anfiteatros en salones y anfiteatros inteligentes, o interactivos, y no si están pintados o si sus aires funcionan, el asunto se nos presenta aun más peliagudo. No hay manera que la Universidad de Puerto Rico pueda conservar su preeminencia académica en nuestro país si no comenzamos a ser más exigentes con las facilidades en las que compartimos los saberes con nuestros estudiantes. Naturalmente, nada nos indica que tendremos más recursos en los próximos años para mejorar tales facilidades. Desde luego, se trata de una época de inestabilidad, más bien contracción económica, y debemos suponer que del Estado no vendrán más dineros.
Sin embargo, se nos transforma la educación superior y ella exige una infraestructura electrónica que posibilite la reorientación de los saberes que de modo más llamativo ha impulsado la informática. Atendiendo esta preocupación es que le he dedicado gran parte de mi tiempo a buscar que permanezcan en Cayey los más de siete millones de dólares que se le habían asignado a lo que se llamó la Escuela Cibernética y que nos permitirá fortalecernos en esta área, a la vez que le servimos a los maestros y a los estudiantes de algunas escuelas del Departamento de Educación.
Este contacto con las escuelas a través de un Centro de Adiestramiento Tecnológico es tan sólo parte del esfuerzo concertado más amplio que se coordinará desde el Decanato de Asuntos Académicos y que se dirigirá a incidir en las escuelas que nos nutren con sus estudiantes, pero que atenderá más de un asunto. En lo que es quizás el documento sobre educación superior más importante de estos últimos años—me refiero al Greater Expectations, A New Vision for Learning as a Nation Goes to College, publicado este mismo año por la AACU (Association of American Colleges and Universities)—se hace hincapié en la necesidad de que las universidades intervengamos en la transición de escuela superior a la universidad. Lo mismo se había dicho en un importante documento que el College Board de PR había auspiciado para el 1994. Si no avanzamos a intervenir adiestrando maestros, inspirando a los estudiantes y contribuyendo a su preparación; si no no hacemos el esfuerzo por identificar las áreas en las que podamos colaborar, no podremos continuar hablando propiamente de educación superior. Entre otras, esta es una de las razones por las cuales le habremos de prestar tanta atención a lo que tiene que ver con la preparación de maestros. Además, algo tenemos que contribuir desde Cayey para acabar con lo que algunos consideran que es la raíz de nuestros problemas sociales: ese porcentaje extraordinario de lo que se llama la deserción escolar. Desde luego, estos no son los estudiantes que recibimos aquí, pero en la medida en que incidamos en esas escuelas de donde provienen los nuestros, algo contribuiremos.

Los nombramientos que he hecho hasta ahora para los decanatos académicos, administrativo y estudiantiles respondieron todos a las expresiones que ustedes hicieron, unánimes en algún caso y ciertamente mayoritarias en otros casos. Los profesores Waldo Torres, Francisco Rivera y Efraín Colón son colegas comprometidos que han mostrado su valía en múltiples comités. Los tres han tenido antes responsabilidades administrativas y se conocen como personas accesibles. Quiero agradecerle a la comunidad docente que les haya demostrado el respaldo que le dio pues ello me facilitó las decisiones.

Como saben, las consultas continúan dándose en la mayoría de los departamentos, pero ya podemos anunciar que el profesor Pedro Ferrer ha sido designado para dirigir el Programa de Educación Física, la profesora Vilma Santiago para lo mismo en Administración de Empresas, la profesora Elizabeth Miranda para el programa de Tecnología y Administración de Oficinas y el Dr. George Noble en el Departamento de Inglés. El profesor Waldo Torres y yo esperamos poder concluir el proceso para comienzos del próximo semestre y habremos de reunirnos en los plenos de los departamentos allí donde consideremos que es necesario intercambiar impresiones antes de proceder a hacer los respectivos nombramientos.

Según recordarán, en el proceso de consulta para la rectoría insistí en términos generales en el establecimiento de una cultura de estudios universitaria, la instauración y defensa de un ambiente de mérito y un diálogo franco sobre lo universitario que constantemente alimente lo anterior. A estos tres temas amplios propuse darle seguimiento a través de diez actividades bastante específicas: una invitación a deliberar sobre la agenda institucional; la coordinación de la experiencia estudiantil en todas sus dimensiones; la creación de una comisión asesora con representantes de los distintos sectores para tomar decisiones con respecto a determinaciones relacionadas al personal no docente que no estén reglamentadas o negociadas; e impulsar la propuesta del “Sistema para el estímulo de la excelencia en la docencia”; la implantación de un sistema de evaluación para todo el personal académico gerencial; el fortalecimiento de los trabajos de renovación curricular; la mayor incidencia de la UPR en Cayey en las comunidades circundantes; el establecimiento de una universidad nocturna; el desarrollo de la educación a distancia; el impulso de los medios de comunicación institucionales; y presencia facilitadora en todo el ámbito institucional.

Continúo comprometido con estas actividades y quien esté atento a lo que venimos haciendo deberá concluir que la mayoría ha sido el norte de mis quehaceres. Otras serán atendidas en su momento, pues requieren de tareas previas. Sea como fuera, espero que sirvan de punto de partida de las evaluaciones que se me habrán de hacer. Con los decanos ocurrirá lo mismo. A partir de sus proyectos de trabajo deberán ser evaluados.

Claro que hay otros asuntos que son de tanta importancia y que no incluí en mi propuesta de trabajo hace ya casi un año. Por ejemplo, la necesidad de una política de investigación que nos permita establecer prioridades institucionales en el amplísimo mundo de los recursos externos. Igualmente, la necesidad de un plan que nos permita ir transformando los salones y los anfiteatros en salones y anfiteatros inteligentes con el fin de que sirvan de escenarios adecuados para las estrategias pedagógicas más innovadoras de algunos de nuestros colegas. Estos y otros deberán ser objetos de discusión cuando les toque a ustedes evaluar nuestra gestión, pero en el proceso es imprescindible adoptar estrategias y políticas coherentes y no improvisadas. Urge revisar lo que deseamos de OTI y lo que debe ser CADI. Los servicios audiovisuales, ¿no son parte de una estrategia más amplia que denominamos tecnologías de la enseñanza?, y por lo tanto no deberían sufrir el olvido presupuestario al que les hemos condenado.

Debo confesar que al escribir esto no perdía de vista que otros colegas administradores han dicho lo mismo, se han indignado aun más que yo por el deterioro que sufren tales facilidades y pese a su buena voluntad, no han podido hacer nada respecto a ello. ¿Por qué ha sido así? ¿Qué nos ha faltado? No basta, como decía el profesor Waldo Torres el otro día, comprar otro proyector más. Pero de esto han estado conscientes otros antes. ¿Bastará una reorganización? ¿Se necesitará tan sólo una política clara para este asunto y para otros análogos?

A finales de octubre se envió el informe que le debíamos a la MSA y que discutimos con ustedes, con los estudiantes y con el personal no docente, y que atendía sobre todo el tema del avalúo. La doctora Isabel Garayta y el doctor Ernesto Castillo llevaron a cabo la traducción y por ello les estamos muy agradecidos, al igual que a otros colegas que colaboraron en su presentación. El doctor Edwin Vázquez estará a cargo de la coordinación del autoestudio que tenemos que someterle a la misma agencia acreditadora en el término de dos años. Pronto recibirán invitaciones a reuniones en las que se irá distribuyendo el trabajo que permitirá su elaboración.

Continuamos haciendo todo lo posible porque se reinicien los trabajos de construcción del edificio de ciencias naturales. Recientemente, según ya informé en el Senado Académico, optamos por solicitarle al presidente que, independientemente del pleito que se tiene con la aseguradora, se usaran los fondos que todavía tenemos para continuarlo, aun cuando se tuviese que ir a subasta nuevamente. Se nos concedió esto y se están haciendo todos los trámites para hacer la subasta de modo que puedan comenzar los trabajos lo más pronto posible. El mensaje que se le envió a la aseguradora con esta acción fue tan certero que en esta pasada semana ésta, en contraste con su actitud de indiferencia de este último año, ha reclamado continuar con su construcción. La aseguradora entiende que el que estemos dispuestos a hacernos cargo de su construcción implica que llevaremos la demanda hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, hemos tomado la determinación de desvincularnos de esta alternativa y seleccionar nosotros la compañía que entendemos que nos garantizará la finalización de la construcción lo más pronto posible. Como cabe sospechar, ellos podrían seleccionar una compañía que no nos ofreciera esta garantía. Les aseguro que le estamos dedicando todo el tiempo que requiere este asunto y que intento mantener informado al grupo que seleccionó esta Facultad para que le diera seguimiento al asunto.
Desde que se me designó hemos adoptado una política agresiva de representarnos como un centro de estudios superiores de excelencia. Los que frecuenten la prensa escrita regional y nacional habrán percibido que hemos tenido cierto éxito y que con la ayuda del Director de Actividades, Miguel Bisbal, quien también funge de Oficial de Prensa de la institución, somos la unidad del sistema de la UPR que tiene mayor presencia en los medios. El artículo del martes pasado en El nuevo día no pudo haber sido más efectivo. Para nuestro estudiantado fue halagador y para los docentes y no docentes que colaboramos día tras día constituye una especie de reivindicación.
Hoy termina este primer semestre del año lectivo 2002-2003 y son muchísimas las actividades que quisiera mencionar como las mejores representantes de nuestra riqueza institucional. La banda dirigida por el profesor Kenneth Ortiz, el coro dirigido por el Dr. Amílcar Rivera, la obra de teatro Cuentan que cuentan por el profesor Rafael Fuentes, le proveyeron a nuestros estudiantes una oportunidad ideal para mostrar sus grandes talentos. Pero la actividad dedicada al ambiente, coordinada por el profesor Salvador Alemañy, la marcha del SIDA que coordinara Glorivee Rosario, los trabajos del Parque de las Verdes Sombras y lo que allí se viene llevando a cabo con la iniciativa del profesor Velázquez, que, por cierto, también colaboró con las dos actividades anteriores y que tanto hace por el ambiente ecológico del campus y su seguridad, éstas son otras actividades de gran envergadura que nos honran a todos. Como lo son también las que organizan nuestros estudiantes con la ayuda de otros generosos colegas. Me refiero a las múltiples iniciaciones de las organizaciones estudiantiles, al encuentro de los programas de honor que se celebrara un sábado, a la participación de una de las organizaciones en el día dedicado a los deambulantes de nuestras ciudades más importantes, etcétera, etcétera.
Así como menciono a estudiantes y profesores con admiración, debo añadir que si acaso hemos ido superando las crisis recurrentes de las primeras semanas de este semestre—crisis que parecían no tener fin y que ustedes muy generosamente soportaron—se lo debemos al trabajo dedicado del ingeniero Wilson Ortiz, quien día tras día fue confrontando cortes de electricidad, aires acondicionados que no daban más, agua que dejaba de cumplir con los criterios de salubridad exigidos, automóviles y autobuses que no arrancaban, hasta que poco a poco se alcanzó cierta normalidad. A Wilson Ortiz y a su supervisor, el Decano de Asuntos Administrativos, Francisco Rivera Pérez, quien tampoco conoce horas de entrada y salida, les menciono con agradecimiento.
Les recuerdo la convocatoria para los premios de excelencia en la enseñanza que auspicia el Decanato de Asuntos Académicos. La fecha límite para las nominaciones es el próximo 9 de diciembre. Igualmente, no pierdan de vista las ofertas de becas para estudiantes que se envían a los departamentos desde el Decanato de Estudiantes. Son oportunidades extraordinarias para nuestros estudiantes.
En estos días concluyen su gesta académica entre nosotros las profesoras Rosario Bouret del Departamento de Humanidades, la profesora Carmen Reoyo de Administración de Empresas, el profesor Cecilio Pardo, también de Administración de Empresas y la bibliotecaria Eliam Alvarado. Durante el semestre el bibliotecario Luis Muñoz se jubiló. A todos ellos les debemos tres décadas de servicio a los estudiantes, de colaboración con nosotros y de sacrificios al conocimiento, a los que bien sabemos que es imposible hacerle justicia. Para estos buenos colegas que ya no nos acompañarán el próximo semestre les deseamos el mejor de los futuros y que no nos olviden. Siguiendo una tradición, para ellos tenemos un recuerdo enmarcado de nuestro campus. Si hoy nos acompañan quisiéramos entregárselos ahora mismo …

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