Actas y Certificaciones

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Informe de Presupuesto ante la Comunidad Universitaria

27 de mayo de 2003

Llegamos a la Rectoría en un momento en el que el panorama presupuestario no era el mejor. Teníamos que economizar 2.36% para atender sobre todo compromisos en el área de recursos humanos. Los aumentos salariales tanto del personal docente como del personal no docente fueron sufragados a través de esta economía que para todos los efectos fue de 3% en aquellas áreas donde se pudo aplicar, pues lógicamente no se pudo atender en las partidas dedicadas a salarios que, como se sabe, suman casi el 90% del presupuesto institucional. Por lo tanto, el 3% se le aplicó al restante 10 u 11% del presupuesto, partidas dedicadas a gastos de funcionamiento y de compra de equipos y materiales. Ya casi terminado el año fiscal me atrevo a decir que se ha trabajado con limitaciones, pero no desesperación y que se logró una redistribución en cada uno de los decanatos y en la rectoría que impidió que se tuvieran que tomar medidas severas.

Ahora bien, este año próximo se pinta peor que el anterior, aun cuando se dice que sólo tenemos que economizar .93%. Lo que no se debe olvidar es que esta economía se montará sobre la del año pasado y que ella debilita sin duda alguna la base presupuestaria de la institución. Nos tenemos que preguntar responsablemente sobre el futuro de una institución cuyo presupuesto apenas alcanza para atender compromisos en el área de los recursos humanos. ¿Podremos atender la misma cantidad de estudiantes? ¿Acaso no nos conviene buscar agresivamente otras fuentes de ingreso?

Quiero que se sepa que a partir de aquella reducción del 2.36% en el pasado año fiscal 2002-2003, la cual fue equivalente a $684,102, intentamos serle fiel a los principios que se esbozaran en el documento Propuesta de ajustes al presupuesto 2002-2003.

Allí en la página 12 se distinguían como prioridades institucionales la Biblioteca, Orientación y Consejería, la Oficina de Seguridad y Vigilancia, la ampliación de las actividades culturales y recreativas y el estímulo de la investigación. En la Biblioteca nos hemos esforzado por atender su ausencia de personal, mientras que todavía tenemos pendiente una buena discusión con ese personal de consejería sobre una posible reconceptualización de la orientación mediante el establecimiento del Centro de Apoyo Estudiantil. Las actividades culturales y recreativas, es cierto, necesitan un refuerzo y respaldaremos las iniciativas más recientes de celebrar actividades mayormente musicales dentro del campus. Las actividades intramurales también se han fomentado, pero apenas comenzamos a atenderlas y se tiene que superar la apatía y hasta cierto cinismo que se fue apoderando tras años de indiferencia. La Oficina de Seguridad fue también objeto de nuestra atención. Cuenta con un nuevo director y estamos readiestrando su personal. Y según ya mencionara en mi informe anterior, se creó una Junta Consultiva para repensar la investigación y pronto se revisará la política institucional relacionada a ella. De modo que no perdemos de vista aquellas prioridades esbozadas hace un año.

Por otro lado, en aquel mismo documento se hacían ciertas “recomendaciones de acciones estratégicas”. Se solicitaba un estudio de servicios personales, fomentar la discusión sobre presupuesto, mayor coordinación entre decanatos y rectoría, no contratar recursos externos, el desarrollo profesional y la evaluación del personal, la revisión de oferta académica, la revisión de las múltiples exenciones de matrícula, el ahorro de energía y materiales de oficina, fomentar la División de Educación Continua y Estudios Profesionales, atender el cupo de los cursos básicos, el fortalecimiento del museo y un abogado a tiempo completo. Creo que no hemos perdido de vista ninguna de estas recomendaciones, si bien debo admitir que los análisis llevados a cabo nos condujeron a diferir de algunas de ellas. Por ejemplo, creo que nos ha salido más barato el arreglo con el Lic. González Barja que contratar a un abogado externo, pues la división de tareas que no se contempló en aquel análisis haría que la sugerencia nos aumentara los gastos. Por su lado, el museo es una de las áreas más sólidas de la institución pues el maestro Martorell consigue, sin solicitar, aportaciones de todo tipo. De hecho, es tan exitoso que a instancias mías pronto habremos de comenzar una campaña para conseguir fondos, todos externos por cierto, que permitan ampliar el museo, añadiéndole dos alas. En lo que tiene que ver con exenciones de matrícula, las cuales han proliferado, ya la Presidencia está en proceso de reconsiderarlas, si bien se trata de algo poco simpático, pues ellas contribuyen a múltiples ámbitos institucionales en los que se requiere de cierto espíritu de colaboración y las exenciones contribuyen, a cambio de poco, a ello.

Es evidente que tenemos que continuar con una política de consideraciones críticas que nos obligue a mantener un curso firme. Los gastos deben responder a la planificación, no a la improvisación. Pero por esto no debe entenderse hacer lo mismo año tras año y mucho menos sacrificar actividades que por su mismo carácter si se me permite, espiritual, pueden parecer prescindibles. Si queremos jardines que nos enriquezcan la vida, necesitamos un buen jardinero a su cargo y la maquinaria apropiada.

Durante el presente año fiscal, el Recinto opera con un presupuesto de gastos de funcionamiento de $32,034,705. El mismo incluye el presupuesto original de $29,406,173 y $1,628,532 adicionales recibidos mediante transferencias recurrentes ($369,967) y no recurrentes (1,258,565) para subvencionar la operación académica, estudiantil y administrativa. A pesar de la reducción presupuestaria mencionada, hemos cubierto todos los compromisos establecidos sin afectar los ofrecimientos académicos. Ello fue posible, mediante el establecimiento de controles y mecanismos que nos permitieron la mejor utilización de los recursos en las tres áreas.

Para el próximo ejercicio fiscal se contempla un leve aumento en los ingresos del fondo general de la institución pero no suficientes para cubrir todos los compromisos contraídos por concepto de acciones mandatorias, aumentos salariales y beneficios marginales. Según adelantamos, se nos ha informado que es necesario generar economías de un .93% ($277,967.00) para dirigirlos a esos fines. Ante tal situación, estamos en proceso de realizar un minucioso análisis de los fondos recurrentes del recinto a los fines de redistribuirlos de manera que no se afecten los servicios que se brindan a la comunidad. Hemos bajado al básico puestos vacantes, asignado a partidas de gastos generales institucionales los fondos necesarios según el gasto histórico y revisado algunas políticas que generan transacciones de personal. Mediante dicha redistribución hasta ahora hemos identificado economías recurrentes de $99,040.00, pero tendremos que generar $178,927.00 adicionales. Dicha cantidad no deberá afectar el funcionamiento óptimo del recinto toda vez que durante el presente año fiscal hemos atendido prioridades impostergables que no tendremos que atender durante los próximos años, como ya verán cuando escuchen los informes de los tres decanatos.

Según reza en uno de los documentos que se les circulara la asignación enmendada recurrente de este año 2002-2003 fue de $29,776, 140, pero el presupuesto recomendado para el 2003-2004 será de $31,245,584. La diferencia es de $1,469,444, si bien los aumentos salariales, los beneficios y otros compromisos institucionales suman $1,747,411. Esto significa que la diferencia entre una y otra cantidad la tenemos que poner nosotros. Se trata de los $277,967 que representan el .93 que tenemos que economizar.

Más específicamente, continuaremos haciendo el ejercicio de reducir el .93% prestándole atención sobre todo a las plazas vacantes, que es de donde en momentos de contracción surge el dinero para operar y comprar equipo y materiales. Creemos que tenemos que tener mucho cuidado en lo que corresponde a la oferta académica. Definitivamente habrá una redistribución de fondos, asignándole desde un principio a ciertas oficinas lo que se le traspasa todos los años, pero que parecen recibir discrecionalmente. Me refiero, por ejemplo, a los $25 mil dólares con que la Rectoría subvenciona los fondos de FIDI, o en Rectoría, lo que utilizan las Oficinas de Recursos Externos y Ex-Alumnos.

Gastamos demasiado en energía. ¿Será posible que hagamos todos un esfuerzo por utilizar lo menos posible esta energía eléctrica? De hecho, la Presidencia considera invitar a una compañía a que nos brinde asesoramiento en este campo. Ella no cobraría si no hay economías, pero se quedaría con cierto porcentaje de lo que se logre economizar, si se logra economizar.

Como saben, estamos impulsando la Universidad Extendida (UNEX) como alternativa fiscal, sin que, desde luego, se trastoquen prioridades académicas e institucionales. Ella podría representar una fuente de ingresos que permitiría atender la puesta al día de nuestras facilidades, además de proveernos fondos discrecionales que servirían para ampliar nuestra personalidad académica.

No está de más también que repasemos las tablas alusivas al sistema de la UPR. Contrasten el número de estudiantes de las distintas unidades y los presupuestos de cada una de ellas. Creo que haber detenido el aumento de nuestro cupo fue una feliz decisión que ya nos beneficia. Por otro lado, según señala una tabla que no les repartí, el número de claustrales con doctorados en Cayey es bastante alto, similar al del Recinto de Río Piedras, lo que también habla muy bien de nosotros. Muy pronto sobrepasaremos el 50%.

En las tablas en las que se describen los aumentos anuales de ingresos provenientes de la Ley de la Universidad, o de la fórmula, como le decimos, es evidente una caída radical. Ha ido creciendo, obviamente, el presupuesto en su totalidad, pero ha sufrido el ritmo de aumento y éstas no son noticias buenas. Por ejemplo, para este nuevo año, pero muy probablemente constituye un buen promedio, se necesitan cerca de 45 millones de dólares para atender los gastos proyectados. Sin embargo, por la fórmula sólo recibiremos 21 millón y medio. Aunque el señor presidente logró conseguir 16 millones tras arduas conversaciones con la Oficina de Gerencia y Presupuesto, nos quedamos cortos por siete millones y pico, que son el 1% que tenemos que economizar. ¿Cuánto tendremos que economizar el año próximo? ¿Qué implicará ello a largo plazo?

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