<%@LANGUAGE="VBSCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Escapara(r)te


 

ALEXI DÍAZ

Pasillos

Retumba el tambor
lo vacuo se revienta
el pasillo no es gris
se agrieta, duele, tiembla
sangre fluirá
el desgarrador sonido incrementa
se quema el salón
y se escapa la existencia

Agrio

Turbio sabor
navega mis venas.
Ancla su sazón
amargo, hiedra.
Se esparce
Germinan
espinas, mala hierba.
Me irritan
me atraganto
nauseabunda la aspereza.
Envenena,
ciega la razón.
Sucumbo…
acantilados,
piedras.


GABRIEL SANTOS

Preludio a una mariposa

No sé cómo llegué
a este lugar tan árido.
Lo último que recuerdo
son algunas copas de whiskey agrio.
Debió haber sido de mala calidad,
porque ahora veo un exorcista
desdemoniando un espejo,
mientras un borrego
copula con una anciana.

Carabelas con sombreros de copa
se arrastran pidiendo ayuda.
Cuervos anidan en sus cuencas,
mientras leones en el cielo juegan con marionetas
y recuerdan milagros añejados.

Maldito sea ese whiskey malo.

Veo un dragón revolcándose en sal,
quiere sentir sus clavos atravesados,
para cegarse con el dolor y no ver más,
lo que ha visto desde la espuma celeste.

Yo también lo veo,
y no soy omnipresente.

Centenares de niños comiéndose a sus padres
estando vivos,
clavados desnudos en cruces de marfil.
A ninguno culpo,
porque ellos sólo buscan un comienzo puro,
y es la sangre de los padres la que invita
a mariposas a que traigan al crepúsculo.

Despierto confundido por el sueño.
Escucho risas de niños cantar con los truenos.
Unos bebés a coro les acompañaban llorando.
Todo pasó como un rayo.

Bendito sea ese whiskey malo.


MARISA GARROTE

La calentura

Esa mañana se despertó sudando.
-Debo estar enferma, pensó.
Sentía toda su piel empapada. Por cada uno de sus poros podía palpar cómo
salía el calentón que la embargaba.
-Esto no es normal, debería estar sintiendo frío, no este calor insufrible.
Se examinó cuidadosamente; por algún sitio debía haber algo mal. Era como
si hubiese habido una explosión en su interior. Empezó a preocuparse seriamente, a sopesar todas las posibilidades. Repasó en su mente todo aquello que, según su entender, podría haber provocado el estado en que se encontraba.
Ya no era solamente ese calor intenso que le salía de adentro, sino que se
apoderaba de ella como un vahído extenuante, como un mareo intenso, que le
hacia tener sensación de ir caminando por el piso. Iba de un lado a
otro golpeándose con todo, como si hubiese bebido.
-Ya no puedo más. Algo me está pasando, y no es nada bueno.
No podía tenerse en pie, como que su cuerpo le pedía que se recostara, que
buscara un lugar donde descansar. Su instinto más cercano era buscar ese lugar oscuro, ese sitio secreto donde resguardarse y pasar su calentura.
-¡Calentura!, pensó. Eso es, cómo pude haberlo olvidado. Su mente le trajo el recuerdo de su abuela, fue ella la quien la crió cuando su mamá un día desapareció y nadie la volvió a ver. Cuántas veces se lo había explicado.
-¡Calentura!, ¡calentura!, cómo no haberme acordado. Qué inconsciente he sido.
Ante este pensamiento se tranquilizó tan radicalmente, que quien la hubiese oído momentos antes hubiese pensado que estaba loca. Loca, sí, pero loca por irse a incubar todos aquellos huevecillos que había estado guardando tan cuidadosamente durante las últimas semanas.


MILITZA RIVERA

Pusilánime

Como hoja llevada por el viento
tiemblas ante mi cercanía,
te abraso con la mirada y
mi canto tus venas desnudan.
¿ Por qué huyes y me esquivas?

Amas la noche, temes el día.
Su luz y brillo te asustan.
Pues descubren la podredumbre,
las llagas y edemas que llevas
a causa de tanta mentira.

Aunque en tinieblas te observo
me doy cuenta de tus heridas
derramando historias viejas
que alimentas de injurias,
odio, y las vendas con rencillas.

Muda ya ese tonto papel
que entorpece tu oxígeno.
Te reto seas sol de medianoche.
Vence tus miedos, provócame,
yo tengo lo que necesitas.

Adentro

Protegida en profundidades
por tu concha, manto de amor.
Crezco, respiro, oigo, siento
caricias de paz, tu corazón
cantando que pronto saldré
al mundo, a brillar más que un sol.


FRAN, “EL CUERVO”

Resignación de un testigo

Ver o no ver.
¿ Porqué ver y no ver nada?
¿ Ver para qué o por qué?
¿ Por qué ver lo que no necesitamos ver?
¿ Por qué vemos lo que no nos interesa ver?
Yo vi…
No se lo que vi.
¿ Por qué no se lo he visto?
No creo lo que vi.
¿ Por qué no puedo creer lo que he visto?
La gente cree en Dios sin haberlo visto.
Yo ya creo en lo que veo.
¿ Por qué la gente ve lo que quiere ver?
¿ Por qué no puedo ver lo que quiero?
¿ Por qué tengo que ver lo que no quiero?
Quisiera estar ciego.
¿ Quién dice que un ciego no ve?
Ya no quiero ver.
Ver es peligroso.
No ver, tal vez.
¿ Qué debo elegir?
Si ver para callar,
ver para decir
o ver para morir.
Y tú, ¿qué ves?


NATALIA ORTIZ COTTO

Sobre dos

Como hombre reprimo,
huyo, me ahogo.
Sobrepaso tu límite
intransigente para
agredirme en ti.
Me creo alas.
Un tanto libre
y atado
a mis represiones,
[las que tú me enseñaste
con la intención
de poder ser],
hago un simulado
naufragio por aguas
también tuyas.
Descubro que
apenas existo...
Debo ser
tú.

Nada...

Entre los surcos
de tu piel
se pierde luz
y encuentro
en rojo
algo
furtivo.

 



Home
| Tinta Nueva | Escapara(r)te | El Cotilleo


© 2003 Universidad de Puerto Rico en Cayey
Diseño, Montaje y Arte Gráfico
por Fidel Escalante
Centro de Producción Educativa
Oficina de Tecnologías para la Docencia
Decanato de Asuntos Académicos